Mandalas vivientes. Las esferas misteriosas de Costa Rica

Las Esferas de piedra de Costa Rica son un grupo de más de quinientas petrosferas ubicadas principalmente en el sur de Costa Rica en la llanura aluvial del Delta del Diquís (confluencia del Río Sierpe y Río Grande de Térraba), Península de Osa y en la Isla del Caño. Las esferas son conocidas localmente como “Las bolas de Costa Rica”. Como conjunto se consideran únicas en el mundo por su número, tamaño, perfección, formación de esquemas organizados y abstracción ajena a modelos naturales.

Las dimensiones de las esferas oscilan en un rango de los 10 centímetros hasta los 2,57 metros de diámetro y su peso llega a superar las 16 toneladas. La mayoría están hechas en piedras duras como granodiorita, gabros y algunas pocas en caliza. Los arqueólogos a través de la estratigrafía de su emplazamiento y de otros objetos encontrados en su cercanía, estiman que las piedras fueron ubicadas por los indígenas de la zona entre el 300 A.C y 300 D.C., pero su trabajo escultórico científicamente no ha podido ser datado aún.

El psiquiatra Carl Jung estudió en profundidad los símbolos de orden universal y acerca del círculo escribió lo siguiente “La imagen del círculo que a partir del Timeo de Platón -autoridad suprema de la filosofía hermética- considérase la forma más perfecta, "fue atribuída también a la sustancia mas perfecta, el oro, y además la anima mundi o anima media natura y a la primera luz creada. Y como el macrocosmos, el gran mundo, fue hecho por su creador en "forma redonda y de globo", aún la más íntima parte del todo, el punto, está dotada de esta naturaleza perfecta. Según dice el filósofo: "La más simple y la más perfecta de todas las figuras es, en primer lugar, la redonda que descansa en el punto"[1]

Entre los símbolos de forma circular encontramos el mandala. Según el Diccionario Sánscrito Inglés de sir Monier Monier-Williams, Mandala significa: círculo, disco (especialmente el del Sol o de la Luna), óvalo, círculo sagrado. Los mandalas son utilizados por el hinduismo y el budismo como modos de meditación. El círculo ha representado desde tiempos antiguos la forma perfecta que contiene a lo más sagrado e inalterable: DIOS. Simboliza el retorno a la unidad y es un símbolo que se remite a la historia del hombre mismo. A nivel figurativo, el círculo no tiene principio ni tiene fin. Como el tiempo: una sucesión continua e inalterable de pequeñas eternidades. Para Jung, el centro del mándala representa al sí-mismo (Selbst), al cual la persona intenta alcanzar en el proceso de individuación.

Como alguna vez lo percibió Jung, estamos hechos de material arquetípico producto de algo denominado inconciente colectivo y sabemos que las creaciones de origen colectivo son tan antiguas como la humanidad misma. Sin embargo, el consciente del hombre moderno se ha alejado demasiado del hecho real del inconsciente. Hasta se ha olvidado que la psique no es en modo alguno nuestra intención, sino que es autónoma e inconsciente en su mayor parte.
No obstante, en ocasiones nuestros sueños contienen símbolos universales y el arte es un buen ejemplo de esta conexión con las imágenes arquetípicas.

Las esferas en el arte y arquitectura de Costa Rica

Al estar la esfera dentro del inconsciente colectivo, muchos artistas la han usado como inspiración en pintura, escultura, literatura, poesía y arquitectura, inclusive está en las ilustraciones de los billetes de cinco mil colones.

Las esferas de piedra están íntimamente ligadas a la memoria colectiva de los costarricenses, quienes hacen reproducciones en piedra, bronce, acero, vidrio y concreto armado, para ubicar a la entrada de casas e instituciones e indican que su fin es más que decorativo, es sentido de identidad, por su simbolismo geométrico y espiritual. Desde sus inicios, los edificios de la Asamblea Legislativa, Corte Suprema de Justicia, Caja del Seguro Social, Universidad e Costa Rica, Museo del Niño y la Embajada de Costa Rica en Washington (USA) entre otros, instalaron sendas esferas de piedra como primer símbolo fáctico.

Curioso ¿no?

Bárbara Levis Stewart
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Bibliografía
[1] “Psicología y religión” Carl Gustav Jung. Pag 31

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