El poder de la materia: El Emperador
Desde sus inicios el ser humano ha intentado dominar a la naturaleza, y continúa haciéndolo, para sentir que trasciende sus propios límites. Este fue seguramente el primer contacto con el propio anhelo de poder. Pensemos por un momento en nuestros antecesores aquí en la tierra y en su necesidad de trascendencia. Los sistemas sociales se han ido organizando en torno a la necesidad de continuidad de la especie o raza. En la tribu, las mujeres quizás se encontraban dentro de las cuevas, y eran las encargadas de alimentar y cuidar a sus crías. Por otro lado los hombres, eran los encargados de ir en busca de alimentos y también de nuevas experiencias. Probablemente en sus inicios alguien del grupo, con capacidades de liderazgo era el que impartía las órdenes. Luego se establecerían pautas y costumbres que determinarían la identidad de esa comunidad. Transgredirlas significaba quedar afuera del sistema y ponerlo en peligro, en cambio continuar con una tradición aseguraba su preservación. Posteriormente se conformarían los sistemas de leyes o reglas encargadas de establecer castigos a aquellos que quebrantaran los límites.Estos límites tan necesarios para la conservación de la especie, en primera instancia no podían ser cuestionados. Definir un límite o frontera como lo hace el Emperador a través de su semblante y su cetro en forma erguida muchas veces es de vital importancia, pero su contrapartida puede ser la excesiva severidad, la rigidez y la no inclusión de lo diferente. Esto ha ocasionado guerras y todo tipo de disputas. Podemos imaginarnos al Loco entonces enfrentándose a la autoridad del Emperador, si se encuentra a su izquierda, o al exiliado en rebeldía, en el caso de colocarlo a su derecha. ¿Quien vence? ¿Por qué ha de someterse uno a la autoridad del otro?
Tomando el ejemplo de un padre y su hijo adolescente, sabemos que los límites son necesarios para la educación de cualquier niño, pero si ellos son arbitrarios y poco flexibles, probablemente no se logre entendimiento alguno y las diferencias terminen en contienda. Cuándo dos extremos tan opuestos se tocan se hace necesaria la flexibilización de las barreras que nos definen como individuos. Aquella situación externa que nos desafía nos brinda la oportunidad de integrar aquellas partes de nuestra personalidad que aún yacen en el inconsciente. Si esto se logra, el Loco tal vez pueda asimilar la responsabilidad como parte necesaria de la existencia y el Emperador logre constituirse en un ser más creativo y libre de creencias rígidas.
Por otro lado, la realidad nos indica que si no experimentamos situaciones límite, no podemos darnos cuenta del propio anhelo de poder con su consecuencia la omnipotencia. La omnipotencia, relacionada a un poder total y absoluto tan grande que abarca y comprende todo, forma parte de nuestra civilización. La imagen del Dios omnipresente, todopoderoso y castigador, puede conducirnos a creer en la existencia de un poder absoluto que pretende destruirnos o redimirnos. Estas dos caras de la misma moneda, hacen alusión a un poder ilimitado y nuestra identificación o anhelo de conseguirlo, puede conducirnos a comportarnos como déspotas, primero con nosotros mismos y luego con los demás. Tal vez por eso primeramente cabría preguntarnos acerca de nuestros propios límites. Si no conseguimos aquello que tanto aspiramos por ejemplo, solemos frustrarnos tanto que la vida se convierte en un castigo más que en una oportunidad de aprendizaje. La potencia es necesaria para nuestros deseos y ambiciones, pero la omnipotencia es creer que, como los personajes de los comics, somos invencibles e inmortales
Al igual que los superhéroes de nuestra época, en tiempos antiguos, los Emperadores tenían un origen no humano, y en general eran hijos de los Dioses. También ostentaban superpoderes o capacidades superiores a las de los humanos corrientes. Esto ya no es así en nuestros días, sabemos que aquellos que nos gobiernan son simples mortales como nosotros. Sin embargo, a diferencia de nuestros superhéroes, muchos de aquellos que hoy en día se encuentran en situaciones de poder, ya no poseen una estructura de valores morales como la generosidad, el sacrificio, el autocontrol, y el altruismo. Probablemente son Emperadores del tipo tirano, que ansía el poder solo para complacerse a sí mismo y no como puntal, soporte y estructura de aquellos que lo necesiten.
No sabemos qué clase de Emperador es el de nuestra carta, pero lo que sí podemos advertir es que su postura de la cintura hacia abajo, no es rígida sino más bien relajada y firme a la vez. Posee cierta seguridad, su columna se encuentra erguida, pero sus piernas están relajadas, y sus rodillas levemente flexionadas. Según el Yoga, el poseer una columna fuerte equivale también a que esta sea flexible. Las piernas flexionadas quitan rigidez a nuestro cuerpo, y los pies en contacto con el suelo, revelan el contacto directo con la realidad. Como los juncos que encontramos en aquellas zonas ventosas y áridas, firme y flexible a la vez. Si fuera rígido, no podría hamacarse cuando sopla el viento y simplemente se quebraría.
La Bioenergética
Este puede ser el caso de nuestro Emperador, que con su pecho amplio y sobresalido hacia delante, da la sensación de cierto acorazamiento. ¿Procura defenderse de algo? Es probable que las grandes responsabilidades en la vida de un Emperador sean las causantes de este tipo de resistencias y como sabemos, la rigidez en el pecho relacionado al corazón puede ser signo de excesivo orgullo y de rigidez a nivel emocional. Sin embargo, un verdadero Rey no es solamente aquel que sabe dirigir y organizar, sino aquel que como el junco, posee firmeza para poder tomar decisiones responsables y maduras, pero también flexibilidad y apertura de corazón, para poder comprender y asistir así a los que más sufren. Tendríamos entonces que preguntarnos que clase de Rey interno nos gobierna. Si es un tirano, probablemente poseamos tal nivel de auto-exigencia que exijamos lo mismo de los demás.
Quizás recién cuando comenzamos a confiar más en nosotros podemos soltar aquellas creencias que nos atrapan dentro de modelos concernientes más a lo que se espera de nosotros que a nuestra verdadera esencia. Para lograrlo debemos convertirnos en nuestro propio padre, es decir, desarrollar la capacidad de auto-sostenernos. Según Alexander Lowen, cuando uno logra afirmar bien sus pies sobre la tierra, a veces esto puede provocar ansiedad, porque uno presupone que está solo. Dice al respecto: “Cuando somos adultos, todos nos sostenemos solos, esta es la realidad de nuestra existencia. Pero según he podido comprobar, la mayor parte de la gente se niega a aceptarla porque para ellos supone quedarse solos. Tras una fachada de independencia, se aferran a sus relaciones y quedan colgados y aprisionados. Al apegarse a ellas, destruyen su propio valor, y sin embargo, tienen miedo de soltarse para sostenerse sobre sus propios pies. Pero en cuanto lo logran, se quedan sorprendidos al ver que no están solos…”
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Posiblemente entonces, cuando logramos que el real gobernante de nuestras vidas sea nuestro propio Emperador, comenzamos a experimentar integridad y unidad con nosotros mismos, y por consiguiente con el mundo que nos rodea. Acaso ese sea el mensaje más importante que tiene para darnos esta carta.
Artículo escrito por Bárbara Levis. (Derechos reservados)